He vuelto a Islandia, esta vez en invierno, para descubrir con mi amigo
Andoni Canela, excelente fotógrafo, el maravilloso país de siempre,
pero cubierto por el hielo y la nieve. Esta isla nunca deja de
sorprenderme, siempre para bien. La actividad volcánica, las fuentes
termales y la belleza inquietante de las auroras boreales completan la
calidez de sus habitantes. Circular por las carreteras heladas de
Islandia ha sido un placer. Estoy seguro de que volveré.
viernes, 24 de febrero de 2017
jueves, 5 de enero de 2017
Nicaragua, llena de colores
Lo que me gusta de Nicaragua es tanto el ambiente tropical, como la amabilidad de sus gentes y los colores que estallan vibrantes ante la mirada del viajero. Circulando por la carretera, aparte de los volcanes que se divisan en la lejanía y de un lago que siempre queda cerca, sorprende la aparición de murales llenos de color que tratan de expresar la vida de los nicas, esa gente que ha sufrido los desmanes de huracanes, volcanes, terremotos e inundaciones pero que se esfuerza siempre en mirar con optimismo el futuro.
Cuando te detienes en una ciudad como Granada, no puedes menos que admirar el estilo colonial de sus casas y, de nuevo, unos colores que proclaman alegría. La catedral, que destaca entre los tejados antiguos de Granada, corona esta ciudad que, por desgracia, se ha vuelto en los últimos años "demasiado" turística.
Por suerte, basta con alejarse unas pocas cuadras del centro para reencontrar el pulso de una ciudad que ejerce de corazón turístico de Nicaragua.
viernes, 16 de diciembre de 2016
Volver a Nicaragua
Estuve en Nicaragua hace muchos años, y ya entonces me encantó el país. Me marché sabiendo que un día volvería y que tenía una asignatura pendiente: ir a San Juan del Sur. Por varios motivos no pude viajar entonces a esta localidad del Pacífico cercana a la frontera com Costa Rica, pero en esta ocasión era consciente de que no podía saltármela. Llegué hace unos días de noche, tras un largo viaje por avión y carretera, cansado y con sueño, pero apenas vi la playa de San Juan supe que el viaje había valido la pena.
Hay en San Juan una buena playa de arena y un ambiente alternativo y surfero. Será por eso que hay quien la llama San Juan del Surf. Los bares abiertos a la playa, con nombres tan imaginativos como "Dale pues", son de ésos en los que puedes dejar pasar la tarde con una cerveza Toña a mano y una música que contagia alegría. O un ron Flor de Caña, claro. La vegetación tropical que envuelve a la ciudad y la simpatía de los nicas acaba de redondear la jugada.
Los autobuses de larga distancia, llenos de colores y de invocaciones a Dios, son una buena invitación a viajar por este pequeño país en el que siempre te sientes bien acompañado.
jueves, 3 de noviembre de 2016
Como conseguir el permiso de conducir chino
No es fácil convencer
a los chinos de que estás capacitado para conducir en su país. Conseguir el
permiso oficial es algo así como misión imposible, aunque con mucha paciencia,
y con la inestimable ayuda de nuestra amiga china, Gao, al final lo logramos. Fueron
tres días de trámites en Urumqi, la capital de la provincia de Zinjiang, pero
mereció la pena cuando por fin nos dieron el anhelado permiso.
Nos habían dicho
en España que bastaba con presentar el Permiso de Conducir Internacional,
rellenar formularios y llevar fotos tamaño carnet, pero no. La primera sorpresa
llegó cuando en la Jefatura
de Tránsito de Urumqi nos dijeron que teníamos que dirigirnos a un centro
situado a 14 kilómetros del centro, allí donde los principiantes se examinan de
conducir. Una vez allí, después de consultar en varias ventanillas (siempre con
la ayuda de Gao), nos dijeron que el Permiso Internacional no lo necesitaban
para nada. Lo que querían era una traducción jurada del Permiso de Conducir de
España, unas cuantas fotos, pasar un examen médico en un edificio contiguo y…
examinarnos de conducir en chino.
Poco a poco
fuimos saliendo del atolladero. En Urumqi conseguimos una traducción jurada y el
examen médico consistió en una doctora china que sostenía en la mano un
bolígrafo rojo y preguntaba en inglés de qué color era. Tras la respuesta, “red”, firmaba que habíamos superado el
examen médico.
Lo más difícil fue el examen de conducir. Una señora de aspecto severo
nos preguntó el significado de varias señales y respondimos en castellano,
mientras Gao traducía al chino. Al cabo de 5 minutos, la señora nos dio el
aprobado, pero añadió que teníamos que esperar media hora, ya que era el tiempo
normal para un examen. “Si volvéis antes al otro edificio, se extrañarán y
pueden invalidar el examen”, dijo.
Nos quedamos, pues, en el aula de
examen, rodeados de pupitres y curioseando carteles didácticos. Pasada media hora,
volvimos al edificio principal, donde fuimos abroncados por el funcionario.
“¡Habéis tardado media hora para un examen que se hace en cinco minutos!”, nos
dijo. En fin, líos de la burocracia. No hay quien los entienda.
Lo “divertido” vino al final, cuando con todos los papeles ya en regla,
procedieron a imprimir el permiso de conducir chino para un mes. Eran las 6 de
la tarde, hora de cierre, pero dos funcionarios se quedaron para imprimirlo.
Pasaba el tiempo, sin embargo, y nada. Al final supimos la causa: la impresora
no funcionaba. “Tendréis que regresar mañana”, nos dijo el funcionario. “A ver
si el técnico la arregla”.
Al día siguiente, sin embargo, la
impresora seguía sin funcionar. La solución llegó al cabo de una hora:
“Tendréis que ir a la
Jefatura de Urumqi y que el director general os firme un
papel conforme habéis pasado el examen”.
Volvimos a Urumqi, pues, donde tras
dos horas de espera el director tuvo a bien firmar el papel requerido, en el
que nos autorizaba a conducir durante un mes por la provincia de Xinjiang. Era
una hoja discreta, pero en los numerosos controles de Xinjiang los policías se
cuadraban en cuanto la veían y nos franqueaban el paso. Mano de santo, de santo
chino, por supuesto.
lunes, 17 de octubre de 2016
En Shan Shan, con los uygures
A una sesentena de kilómetros de Turpan se encuentra Shan Shan, una ciudad escoltada de dunas en cuya parte antigua se nota el ambiente uygur. La provincia de Xinjiang estaba poblada en un 90% por uygures hace treinta años, pero el desplazamiento de población promovido por el Gobierno chino ha hecho bajar la cifra al 60%. En el centro de Shan Shan, sin embargo, los uygures son clara mayoría.
Los uygures, de religión musulmana, se diferencian de la mayoría han muy facilmente. En el mercado nocturno de Shan Shan puede verse también las diferencias que hay respecto a la cocina, muy sabrosa y barata. El pan característico del Asia Central está muy presente en las calles.
En China no suele ser fácil buscar un hotel que admitan extranjeros, pero el hecho de ir con Gao, una amiga china, facilita mucho las cosas. Nos instalamos en el Ming Sheng Plaza Hotel, un hotel en el que casi todo está bien. Los cristiales, sin embargo, están tan sucios que no te permiten ver si la ventana da a un parque, a una calle o a una pocilga. En fin, ya lo veremos cuando salgamos a la calle.
jueves, 22 de septiembre de 2016
Las cuevas de Mogao, en la Ruta de la Seda
El lugar, un acantilado junto a un oasis por el que discurre un ancho río, con el desierto a sus espaldas, es impresionante. También las cuevas llenas de pinturas y esculturas budistas. La oleada de gente que las visita es incesante y a veces incómoda, pero merece la pena viajar hasta allí, cerca de la ciudad china de Dunhuang. Son más de setecientas cuevas a distintos niveles que durante siglos permanecieron olvidadas por la historia y que jugaron un papel importante en la Ruta de la Seda.
Fue a finales del siglo XIX cuando las cuevas fueron redescubiertas por exploradores como Nikolai Prezwalski, Aurel Stein, Le Coq, Paul Pelliot, etcétera. Descubrieron una joya olvidada desde que el budismo llegó a la China a través de la Ruta de la Seda. Allí rezaban los peregrinos antes de emprender el viaje, y de allí se llevó muchos manuscritos y pinturas Aurel Stein con destino al British Museum.
Hoy las cuevas están "urbanizadas" y sometidas a un constante acoso turístico, sobre todo por parte del turismo interno de China, pero en cualquiera de ellas es posible admirar destellos de la mucha belleza que atesoraron y que todavía hoy sigue asombrando al mundo. Una maravilla.
martes, 20 de septiembre de 2016
Las dunas de Dunhuang, en China
Hay muchas Chinas y casi todas merecen ser visitadas. En la provincia de Gansu, la ciudad de Dunhuang atrae a los turistas sobre todo por las maravillosas cuevas de Mogao, con pinturas budistas asociadas a los grandes exploradores Aurel Stein, Sven Hedin, Lecoq, etcétera. Muy cerca de la ciudad, sin embargo, hay otra atracción que atrae a millones de chinos: las dunas de Mingsha Shan, las dunas que cantan. Allí puede comprobarse que no se entiende la etiqueta "turismo de masas" hasta que ves desembarcar a los chinos.
Ver como toman las dunas al asalto es un espectáculo increíble, hasta cierto punto descorazonador. "De todos modos, estás de suerte", me comentó un amigo chino, "tienes suerte de no haber venido en temporada alta. Entonces casi no puedes ver la arena por la mucha gente que la invade". Sea como sea, la visión del cercano templo de la Media Luna, junto a un lago que logra sobrevivir en el desierto, logra enlazar con la Gran Belleza.
Vuelve la paz junto a este tiempo increíble, vuelve la sensación de que merece la pena iniciar un viaje por la Ruta de la Seda por la agradable ciudad de Dunhuang.
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