sábado, 25 de febrero de 2017

La playa de Reykjavik

En Islandia, las piscinas de agua caliente son el mejor club social. Allí se reunen las familias, se coquetea, se conoce a la futura novia (o novio) o simplemente se pone uno en remojo en unos "hot pots" que para mi siempre están demasiado calientes. Si con esto no basta, uno puede hacerse la ilusión de que está en una playa como las del Mediterráneo en Nauthólsvik, en el mismo Reykiavik. En verano el agua se calienta con los excedentes de la energía geotérmica, pero en invierno los frioleros prefieren quedarse en la piscina de agua caliente que hay a unos pasos de la playa. Sin moverse demasiado y con una copa o una cerveza en la mano. A la islandesa.
A menudo, en las piscinas, cuando ven a un extranjero suelen dirigirle la pregunta "How do you like Iceland?". Es una manera de romper el hielo, y nunca mejor dicho, sobre todo en invierno. De todos modos, hay que reconocer que, incluso en Nauthölskik, hay algunos valientes que desprecian la piscina y prefieren nadar en las frías aguas de la bahía.
La genética vikinga tiene que notarse en algo.

 

viernes, 24 de febrero de 2017

Islandia en invierno

He vuelto a Islandia, esta vez en invierno, para descubrir con mi amigo Andoni Canela, excelente fotógrafo, el maravilloso país de siempre, pero cubierto por el hielo y la nieve. Esta isla nunca deja de sorprenderme, siempre para bien. La actividad volcánica, las fuentes termales y la belleza inquietante de las auroras boreales completan la calidez de sus habitantes. Circular por las carreteras heladas de Islandia ha sido un placer. Estoy seguro de que volveré.

jueves, 5 de enero de 2017

Nicaragua, llena de colores

Lo que me gusta de Nicaragua es tanto el ambiente tropical, como la amabilidad de sus gentes y los colores que estallan vibrantes ante la mirada del viajero. Circulando por la carretera, aparte de los volcanes que se divisan en la lejanía y de un lago que siempre queda cerca, sorprende la aparición de murales llenos de color que tratan de expresar la vida de los nicas, esa gente que ha sufrido los desmanes de huracanes, volcanes, terremotos e inundaciones pero que se esfuerza siempre en mirar con optimismo el futuro.
Cuando te detienes en una ciudad como Granada, no puedes menos que admirar el estilo colonial de sus casas y, de nuevo, unos colores que proclaman alegría. La catedral, que destaca entre los tejados antiguos de Granada, corona esta ciudad que, por desgracia, se ha vuelto en los últimos años "demasiado" turística.
Por suerte, basta con alejarse unas pocas cuadras del centro para reencontrar el pulso de una ciudad que ejerce de corazón turístico de Nicaragua.



viernes, 16 de diciembre de 2016

Volver a Nicaragua

Estuve en Nicaragua hace muchos años, y ya entonces me encantó el país. Me marché sabiendo que un día volvería y que tenía una asignatura pendiente: ir a San Juan del Sur. Por varios motivos no pude viajar entonces a esta localidad del Pacífico cercana a la frontera com Costa Rica, pero en esta ocasión era consciente de que no podía saltármela. Llegué hace unos días de noche, tras un largo viaje por avión y carretera, cansado y con sueño, pero apenas vi la playa de San Juan supe que el viaje había valido la pena.
Hay en San Juan una buena playa de arena y un ambiente alternativo y surfero. Será por eso que hay quien la llama San Juan del Surf. Los bares abiertos a la playa, con nombres tan imaginativos como "Dale pues", son de ésos en los que puedes dejar pasar la tarde con una cerveza Toña a mano y una música que contagia alegría. O un ron Flor de Caña, claro. La vegetación tropical que envuelve a la ciudad y la simpatía de los nicas acaba de redondear la jugada.
Los autobuses de larga distancia, llenos de colores y de invocaciones a Dios, son una buena invitación a viajar por este pequeño país en el que siempre te sientes bien acompañado.
 

jueves, 3 de noviembre de 2016

Como conseguir el permiso de conducir chino



No es fácil convencer a los chinos de que estás capacitado para conducir en su país. Conseguir el permiso oficial es algo así como misión imposible, aunque con mucha paciencia, y con la inestimable ayuda de nuestra amiga china, Gao, al final lo logramos. Fueron tres días de trámites en Urumqi, la capital de la provincia de Zinjiang, pero mereció la pena cuando por fin nos dieron el anhelado permiso.

Nos habían dicho en España que bastaba con presentar el Permiso de Conducir Internacional, rellenar formularios y llevar fotos tamaño carnet, pero no. La primera sorpresa llegó cuando en la Jefatura de Tránsito de Urumqi nos dijeron que teníamos que dirigirnos a un centro situado a 14 kilómetros del centro, allí donde los principiantes se examinan de conducir. Una vez allí, después de consultar en varias ventanillas (siempre con la ayuda de Gao), nos dijeron que el Permiso Internacional no lo necesitaban para nada. Lo que querían era una traducción jurada del Permiso de Conducir de España, unas cuantas fotos, pasar un examen médico en un edificio contiguo y… examinarnos de conducir en chino.
 Poco a poco fuimos saliendo del atolladero. En Urumqi conseguimos una traducción jurada y el examen médico consistió en una doctora china que sostenía en la mano un bolígrafo rojo y preguntaba en inglés de qué color era. Tras la respuesta, “red”, firmaba que habíamos superado el examen médico.
Lo más difícil fue el examen de conducir. Una señora de aspecto severo nos preguntó el significado de varias señales y respondimos en castellano, mientras Gao traducía al chino. Al cabo de 5 minutos, la señora nos dio el aprobado, pero añadió que teníamos que esperar media hora, ya que era el tiempo normal para un examen. “Si volvéis antes al otro edificio, se extrañarán y pueden invalidar el examen”, dijo.
            Nos quedamos, pues, en el aula de examen, rodeados de pupitres y curioseando  carteles didácticos. Pasada media hora, volvimos al edificio principal, donde fuimos abroncados por el funcionario. “¡Habéis tardado media hora para un examen que se hace en cinco minutos!”, nos dijo. En fin, líos de la burocracia. No hay quien los entienda.
Lo “divertido” vino al final, cuando con todos los papeles ya en regla, procedieron a imprimir el permiso de conducir chino para un mes. Eran las 6 de la tarde, hora de cierre, pero dos funcionarios se quedaron para imprimirlo. Pasaba el tiempo, sin embargo, y nada. Al final supimos la causa: la impresora no funcionaba. “Tendréis que regresar mañana”, nos dijo el funcionario. “A ver si el técnico la arregla”.
            Al día siguiente, sin embargo, la impresora seguía sin funcionar. La solución llegó al cabo de una hora: “Tendréis que ir a la Jefatura de Urumqi y que el director general os firme un papel conforme habéis pasado el examen”.
            Volvimos a Urumqi, pues, donde tras dos horas de espera el director tuvo a bien firmar el papel requerido, en el que nos autorizaba a conducir durante un mes por la provincia de Xinjiang. Era una hoja discreta, pero en los numerosos controles de Xinjiang los policías se cuadraban en cuanto la veían y nos franqueaban el paso. Mano de santo, de santo chino, por supuesto.



lunes, 17 de octubre de 2016

En Shan Shan, con los uygures

A una sesentena de kilómetros de Turpan se encuentra Shan Shan, una ciudad escoltada de dunas en cuya parte antigua se nota el ambiente uygur. La provincia de Xinjiang estaba poblada en un 90% por uygures hace treinta años, pero el desplazamiento de población promovido por el Gobierno chino ha hecho bajar la cifra al 60%. En el centro de Shan Shan, sin embargo, los uygures son clara mayoría.
Los uygures, de religión musulmana, se diferencian de la mayoría han muy facilmente. En el mercado nocturno de Shan Shan puede verse también las diferencias que hay respecto a la cocina, muy sabrosa y barata. El pan característico del Asia Central está muy presente en las calles.
En China no suele ser fácil buscar un hotel que admitan extranjeros, pero el hecho de ir con Gao, una amiga china, facilita mucho las cosas. Nos instalamos en el Ming Sheng Plaza Hotel, un hotel en el que casi todo está bien. Los cristiales, sin embargo, están tan sucios que no te permiten ver si la ventana da a un parque, a una calle o a una pocilga. En fin, ya lo veremos cuando salgamos a la calle.



jueves, 22 de septiembre de 2016

Las cuevas de Mogao, en la Ruta de la Seda

El lugar, un acantilado junto a un oasis por el que discurre un ancho río, con el desierto a sus espaldas, es impresionante. También las cuevas llenas de pinturas y esculturas budistas. La oleada de gente que las visita es incesante y a veces incómoda, pero merece la pena viajar hasta allí, cerca de la ciudad china de Dunhuang. Son más de setecientas cuevas a distintos niveles que durante siglos permanecieron olvidadas por la historia y que jugaron un papel importante en la Ruta de la Seda.
Fue a finales del siglo XIX cuando las cuevas fueron redescubiertas por exploradores como Nikolai Prezwalski, Aurel Stein, Le Coq, Paul Pelliot, etcétera. Descubrieron una joya olvidada desde que el budismo llegó a la China a través de la Ruta de la Seda. Allí rezaban los peregrinos antes de emprender el viaje, y de allí se llevó muchos manuscritos y pinturas Aurel Stein con destino al British Museum.
Hoy las cuevas están "urbanizadas" y sometidas a un constante acoso turístico, sobre todo por parte del turismo interno de China, pero en cualquiera de ellas es posible admirar destellos de la mucha belleza que atesoraron y que todavía hoy sigue asombrando al mundo. Una maravilla.