miércoles, 12 de abril de 2017

La mítica expedición de la Kon-Tiki

Una de las lecturas que más me fascinaban de niño era "La expedición de la Kon-Tiki", del noruego Thor Heyerdhal. En aquel libro publicado aquí por la editorial Juventud había dosis a espuertas de aventura y de sueños realizados a pesar de las muchas dificultades. La pasada semana viajé a Oslo y visité el Museo de la Kon-Tiki, donde se expone la balsa original, además de otros muchos objetos que ilustran la vida aventurera de Heyerdhal (1914-2002). No hace falta decir que, mientras recorría los ámbitos en penumbra del museo, volví a revivir aquellos sueños lejanos. 

De regreso a Barcelona, curioseando en una librería Re-Read, me encontré con un ejemplar del libro, con las famosas cubiertas amarillas de Juventud, y no pude resistirme a comprarlo. 

Mientras lo hacía, tuve la sensación de que se estaba cerrando un círculo que empezaba con mis lecturas de infancia, seguía con mis sueños viajeros de adolescencia y se cerraba con los muchos viajes a lugares lejanos en los que he recordado el libro de Heyerdhal. El último fue precisamente a Oslo, donde pude admirar la Kon-Tiki original.
 

lunes, 27 de febrero de 2017

La playa de hielo

En Islandia, la nieve y el hielo están muy presentes en invierno. En Jökullsárlón, la laguna del glaciar Vatnajökull, son un espectáculo permanente. El hielo de la laguna es empujado hacia el mar y, una vez allí, las olas lo depositan en la playa de arena negra. El escenario es grandioso, como si se tratara de un fabuloso parque de esculturas al aire libre.
 Los campos de lava, las cascadas, los elfos y las largas extensiones de ceniza procedentes de las erupciones de los volcanes hacen que un viaje por la costa Este sea siempre encantador. Otro motivo para regresar a Islandia, en invierno, en primavera, en verano y en otoño. Siempre merece la pena.

sábado, 25 de febrero de 2017

La playa de Reykjavik

En Islandia, las piscinas de agua caliente son el mejor club social. Allí se reunen las familias, se coquetea, se conoce a la futura novia (o novio) o simplemente se pone uno en remojo en unos "hot pots" que para mi siempre están demasiado calientes. Si con esto no basta, uno puede hacerse la ilusión de que está en una playa como las del Mediterráneo en Nauthólsvik, en el mismo Reykiavik. En verano el agua se calienta con los excedentes de la energía geotérmica, pero en invierno los frioleros prefieren quedarse en la piscina de agua caliente que hay a unos pasos de la playa. Sin moverse demasiado y con una copa o una cerveza en la mano. A la islandesa.
A menudo, en las piscinas, cuando ven a un extranjero suelen dirigirle la pregunta "How do you like Iceland?". Es una manera de romper el hielo, y nunca mejor dicho, sobre todo en invierno. De todos modos, hay que reconocer que, incluso en Nauthölskik, hay algunos valientes que desprecian la piscina y prefieren nadar en las frías aguas de la bahía.
La genética vikinga tiene que notarse en algo.

 

viernes, 24 de febrero de 2017

Islandia en invierno

He vuelto a Islandia, esta vez en invierno, para descubrir con mi amigo Andoni Canela, excelente fotógrafo, el maravilloso país de siempre, pero cubierto por el hielo y la nieve. Esta isla nunca deja de sorprenderme, siempre para bien. La actividad volcánica, las fuentes termales y la belleza inquietante de las auroras boreales completan la calidez de sus habitantes. Circular por las carreteras heladas de Islandia ha sido un placer. Estoy seguro de que volveré.

jueves, 5 de enero de 2017

Nicaragua, llena de colores

Lo que me gusta de Nicaragua es tanto el ambiente tropical, como la amabilidad de sus gentes y los colores que estallan vibrantes ante la mirada del viajero. Circulando por la carretera, aparte de los volcanes que se divisan en la lejanía y de un lago que siempre queda cerca, sorprende la aparición de murales llenos de color que tratan de expresar la vida de los nicas, esa gente que ha sufrido los desmanes de huracanes, volcanes, terremotos e inundaciones pero que se esfuerza siempre en mirar con optimismo el futuro.
Cuando te detienes en una ciudad como Granada, no puedes menos que admirar el estilo colonial de sus casas y, de nuevo, unos colores que proclaman alegría. La catedral, que destaca entre los tejados antiguos de Granada, corona esta ciudad que, por desgracia, se ha vuelto en los últimos años "demasiado" turística.
Por suerte, basta con alejarse unas pocas cuadras del centro para reencontrar el pulso de una ciudad que ejerce de corazón turístico de Nicaragua.