sábado, 15 de marzo de 2014

Punakha, el shangri-la de Bután



Cuando llegas al valle de Punakha, a unos 1.800 metros de altura, entiendes porque a Bután lo llaman “el nuevo Shangri-la”. Hay algo mágico en este extenso valle lleno de templos, monasterios y campos de arroz, con un ancho río, casas rematadas con madera pintada, banderolas budistas y el impresionante dzong, mitad monasterio, mitad centro administrativo, que ejerce de capital de invierno.
Visto desde fuera, el dzong de Punakha impresiona. Está situado en la confluencia de dos ríos que bajan de las cumbres del Himalaya. Cuando cae la tarde y la luz va cambiando, no te cansas de mirarlo. Tiene aspecto de fortaleza, de Potala, de lugar sagrado. Data del siglo XVII, ha sido destruido varias veces por el fuego y por las inundaciones, pero siempre ha renacido de sus cenizas. 
La entrada en el dzong, por unas escaleras empinadas, te transmite algo parecido a una ceremonia de iniciación que se confirma con los grandes molinos de oración, los mandalas, los distintos patios y templos y los lamas que caminan ensimismados, como si vivieran en otro mundo. 

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