lunes, 9 de noviembre de 2015

La ciudad perdida de la Ruta de la Seda



Apenas si queda nada de Otrar, una ciudad del sur de Kazajstán que fue famosa en los lejanos tiempos de las caravanas de la Ruta de la Seda. La destruyó Genghis Khan en 1219 y, tras ser reconstruida, Tamerlán murió allí cuando iba a conquistar la China, en 1405. Sus ruinas desprenden hoy una sensación de soledad que no permite imaginar el esplendor pasado. Para ver lo que pudo ser hay que ir a la cercana ciudad de Turkestán, donde deslumbra el impresionante mausoleo del santo sufí Khoja Ahmed Yassawi.

Otrar es hoy silencio, polvo y olvido, pero la ciudad que la sustituyó en la estepa, Turkestán, se muestra aún viva y vibrante, gracias al santo sufí que vivió allí en el siglo XI y a quien Tamerlán, en el siglo XIV, ordenó construir un magnífico mausoleo. Miles de peregrinos acuden a visitarlo con una devoción absoluta que contrasta con la desolación de Otrar. 
No muy lejos del mausoleo, en la misma ciudad de Turkestán, la mezquita sufí subterránea, reconstruida hace unos años, impresiona por sus distintas dependencias y por la mirada interior a que se veían forzados quienes vivían en ella. El sufismo es un territorio aparte en el Islam, un territorio que merece la pena explorar.

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