jueves, 3 de noviembre de 2016

Como conseguir el permiso de conducir chino



No es fácil convencer a los chinos de que estás capacitado para conducir en su país. Conseguir el permiso oficial es algo así como misión imposible, aunque con mucha paciencia, y con la inestimable ayuda de nuestra amiga china, Gao, al final lo logramos. Fueron tres días de trámites en Urumqi, la capital de la provincia de Zinjiang, pero mereció la pena cuando por fin nos dieron el anhelado permiso.

Nos habían dicho en España que bastaba con presentar el Permiso de Conducir Internacional, rellenar formularios y llevar fotos tamaño carnet, pero no. La primera sorpresa llegó cuando en la Jefatura de Tránsito de Urumqi nos dijeron que teníamos que dirigirnos a un centro situado a 14 kilómetros del centro, allí donde los principiantes se examinan de conducir. Una vez allí, después de consultar en varias ventanillas (siempre con la ayuda de Gao), nos dijeron que el Permiso Internacional no lo necesitaban para nada. Lo que querían era una traducción jurada del Permiso de Conducir de España, unas cuantas fotos, pasar un examen médico en un edificio contiguo y… examinarnos de conducir en chino.
 Poco a poco fuimos saliendo del atolladero. En Urumqi conseguimos una traducción jurada y el examen médico consistió en una doctora china que sostenía en la mano un bolígrafo rojo y preguntaba en inglés de qué color era. Tras la respuesta, “red”, firmaba que habíamos superado el examen médico.
Lo más difícil fue el examen de conducir. Una señora de aspecto severo nos preguntó el significado de varias señales y respondimos en castellano, mientras Gao traducía al chino. Al cabo de 5 minutos, la señora nos dio el aprobado, pero añadió que teníamos que esperar media hora, ya que era el tiempo normal para un examen. “Si volvéis antes al otro edificio, se extrañarán y pueden invalidar el examen”, dijo.
            Nos quedamos, pues, en el aula de examen, rodeados de pupitres y curioseando  carteles didácticos. Pasada media hora, volvimos al edificio principal, donde fuimos abroncados por el funcionario. “¡Habéis tardado media hora para un examen que se hace en cinco minutos!”, nos dijo. En fin, líos de la burocracia. No hay quien los entienda.
Lo “divertido” vino al final, cuando con todos los papeles ya en regla, procedieron a imprimir el permiso de conducir chino para un mes. Eran las 6 de la tarde, hora de cierre, pero dos funcionarios se quedaron para imprimirlo. Pasaba el tiempo, sin embargo, y nada. Al final supimos la causa: la impresora no funcionaba. “Tendréis que regresar mañana”, nos dijo el funcionario. “A ver si el técnico la arregla”.
            Al día siguiente, sin embargo, la impresora seguía sin funcionar. La solución llegó al cabo de una hora: “Tendréis que ir a la Jefatura de Urumqi y que el director general os firme un papel conforme habéis pasado el examen”.
            Volvimos a Urumqi, pues, donde tras dos horas de espera el director tuvo a bien firmar el papel requerido, en el que nos autorizaba a conducir durante un mes por la provincia de Xinjiang. Era una hoja discreta, pero en los numerosos controles de Xinjiang los policías se cuadraban en cuanto la veían y nos franqueaban el paso. Mano de santo, de santo chino, por supuesto.



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