viernes, 6 de julio de 2012

Groenlandia (5): Un lugar llamado Uummannaq

A los inuits, que son muy suyos en las cosas del humor, les gusta llamar a Uummannaq "el Río de Janeiro de Groenlandia". No es por el clima, por supuesto, ni por las inexistentes escuelas de samba. Llaman así a esta población de 1.500 habitantes, situada en un lugar límite, lejos de casi todo, por el impresionante pico de 1.170 metros de altura que parece protegerla.


La llegada a la isla de Uummannaq corta la respiración, tanto por el pico de doble punta como por las casas pintadas de colores esparcidas sobre las rocas y, en especial, por los icebergs de todas las formas y tamaños que parecen formar una barrera para dificultar el desembarco.


En Uummannaq se respira Gran Norte por todas partes. Sopla un fuerte viento, estamos a 4 grados y ni siquiera con las lanchas resulta fácil abrirse paso en su pequeño puerto.


Los pesqueros que alimentan la factoría de pescado que hay en Uummannaq tienen dificultades para hacerse a la mar, y hay momentos que parecen perdidos en medio del mar de hielo.


Cuando por fin conseguimos desembarcar, deambulo por las calles en cuesta de Uummannaq, entre casas pintadas con colores vivos, escaleras de madera, pescado puesto a secar, perros atados de mirada triste que ansían la llegada del invierno para sentirse libres y caras opacas de los pocos inuits que salen a la calle.


A pesar de la impresión inicial, Uummanaq se me revela como un pueblo agradable en medio de un ambiente hostil. Los icebergs están ahí mismo, como si pretendieran asediar la isla, pero acaban siendo una compañía necesaria.


En uno de los oscuros bares del pueblo, llenos de bebedores cabizbajos y circunspectos, un inuit me explica que "la montaña protectora" les ayuda a que todo sea más llevadero. Será eso.

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