lunes, 1 de abril de 2013

De cacería por África

Llueve, hace un tiempo de Semana Santa y lo aprovecho para leer Diario de Kenia (1902-1906), de Richard Meinertzhagen, publicado por Ediciones del Viento. En algunos momentos es un libro duro, pero merece la pena leerlo como retrato de una África de hace casi cien años. Escribre Meinertzhagen: "Cuando llegué al país me obsesionaba una declarada sed de sangre. Cazar es el instinto primitivo del hombre y yo le di rienda suelta". 
Meinertzhagen, nacido en Londres en 1878, fue un ornitólogo famoso elogiado nada menos que por Lawrence Arabia, pero se le recuerda especialmente por su desmesurada afición a la caza y por su crueldad con los africanos. Destinado a Kenia como militar, nos retrata un Nairobi irreconocible, en el que sólo hay una tienda ("una pequeña choza de hojalata que vende de todo") y un hotel. En este ambiente singular, Meinertzhagen disfruta cazando y escribiendo cosas como ésta: "Nosotros matamos a 17 negros, pero dos policías y uno de mis hombres también fueron asesinados. Una lanza me pasó rozando la cabeza. Entonces empezó la diversión. Prendimos fuego al poblado y nos apoderamos de cabras y ovejas. Después arrasamos sistemáticamente el valle en el que estaba emplazando el poblado, quemamos todas las cabañas y matamos a algunos negros más".
    Un angelito Meinertzhagen. No es extraño que durante su estancia en Kenia fuera objeto de investigación por haber asesinado a un líder local y a su séquito. Cincuenta años después se justificaba así: "Cuando me destinaron a Kenia con un centenar de soldados, en medio de trescientosmil africanos, había que actuar en casos de emergencia si el gobierno local recibía amenazas". Y, por si había alguna duda, añade: "No creo en la santidad de la vida humana ni en la dignidad de su raza. La vida humana nunca ha sido sagrada".
    Respecto a su afición a la caza, precisa: "No me avergüenzo". Y añade: "La caza mayor me proporcionó una buena dosis de ejercicio físico cuando muchos de mis compañeros se dedicaban a beber matarratas o a liarse con la esposa de otro".
     Es, evidentemente, otra manera de ver los logros del colonialismo británico.



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