martes, 20 de agosto de 2013

Los entrañables cruceros del siglo XII




Leyendo El gran mar, un interesante libro sobre el Mediterráneo del catedrático de Cambridge David Abulafia, me encuentro con unos cuantos párrafos que describen cómo era la vida a bordo de los barcos que cruzaban el Mare Nostrum en el siglo XII. Abulafia parte de la aventura del geógrafo valenciano Ibn Yubair, que salió de Ceuta en un barco genovés el 24 de febrero y llegó a Alejandría el 26 de marzo de 1183, desde donde prosiguió viaje por tierra hasta La Meca. En 1185 realizaría el viaje a la inversa, sufriendo incluso un naufragio en las costas de Sicilia.
Cuenta Ibn Yubair, que tuvo que enfrentarse a una fuerte tempestad, que “los viajeros dormían al raso, utilizando sus posesiones como almohada y colchón”, al más puro estilo hippy, y que lo que entonces movía a viajar por mar, por lo general en condiciones lamentables, era sobre todo la fe.
            Describe Ibn Yubair como cristianos y musulmanes que morían a bordo recibían sepultura con el método tradicional de arrojarlos por la borda, y añade que durante la larga travesía se podía comprar a bordo comida fresca, y que “era como si en este barco estuviesen en una ciudad que reunía todas las comodidades”.
            En su relato del periplo, Viajes, Ibn Yubair cuenta el día a día de un modo que permite una distante comparación con los cruceros actuales. Tanto las naves de entonces como las de ahora se dedicaban a cruzar el Mediterráneo, aunque, a juzgar por lo que cuenta el viajero valenciano, los viajes de entonces tenían un componente aventurero que habría hecho las delicias de algunos mochileros de hoy.

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