viernes, 6 de septiembre de 2013

Los peculiares monjes de la Montaña Santa

Athos es todo un mundo. Sin mujeres, sin vacas, sin cabras, sin televisores, sin Internet... y con muchos monjes. Athos es un mundo aparte en el que viven unos dos mil monjes repartidos en veinte monasterios amurallados a los pies de la Montaña Santa, de 2.033 metros de altura. Todo en Athos respira paz, pero cada monasterio es un mundo. Los hay de rusos, búlgaros, rumanos, chipriotas... El primero al que fui a parar fue Vatopedi, donde hace veinte años todos los monjes eran de Chipre. Ahora, sin embargo, las cosas han cambiado y, según me dijeron, hay un centenar de monjes de quince nacionalidades distintas. Aunque no lo parezca, incluso la península monástica de Athos se va abriendo lentamente al mundo. Algo parecido ocurre en el monasterio del Pantokràtor, una fortaleza a orillas del mar.
Cuando llevas unos días en Athos aprendes, sin embargo, que no todos los monjes son iguales. Los hay que viven recluidos en los monasterios, bajo la disciplina del abad, pero los hay también que se las componen para vivir fuera, en celdas, casas o cuevas en las son ellos los que marcan su propia disciplina. De entre estos últimos, mi preferido era el padre Ioanikios, antiguo guerrillero que fumaba y bebía aguardiente como un cosaco. Se estaba bien conversando con él, en la terraza de su preciosa casa con vistas a la Montaña Santa.
Cuando le conocí, hace unos años, me soltó de entrada: "Soy comunista. En el mundo sólo quedamos Fidel Castro en América, Gaddafi en África y Kim Il Sung en Asia. Y yo en Europa". Se rió y añadió: "Es una pena que se acabara el comunismo. Se llevó los sueños de mucha gente". Ahora que Gaddafi y Kim Il Sung han muerto, y que Castro está fuera de juego, pienso a veces qué habrá sido de él. ¡Todo un personaje el padre Ioanikios! 



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