martes, 14 de agosto de 2012

Otro modo de disfrutar de la playa


Si uno, por salir de la rutina, se olvida de las bien cuidadas playas de los hoteles, rastrilladas por empleados uniformados y casi diría que rociadas con perfume ecológico, se encontrará con las playas populares, menos remilgadas y más auténticas, en las que los mauricianos disfrutan del mar a su manera. Es decir: a distancia. Y es que a los habitantes de Mauricio les gusta tener el mar cerca, pero en vez de tostarse al sol, prefieren tumbarse bajo los árboles para disfrutar de un picnic sin prisas.

En el picnic, que en Mauricio suele prolongarse durante horas, resultan casi obligadas las hamacas, un invento muy apropiado en el Trópico, y las samosas, sabrosas empanadillas indias, rellenas de carne o de patata y otros vegetales, que los vendedores ambulantes venden a 0.10 céntimos de euro la unidad. La fruta fresca es otro must de la venta ambulante.


Las mujeres mauricianas suelen bañarse vestidas y desconfían del mar adentro. Algunas llegan al límite de reunirse en corro en la misma playa, con los pies en remojo, para hablar de sus cosas sin prisas. Nadar lo dejan para los extranjeros, o para los Juegos Olímpicos.

 Y al final del día, cuando el sol declina, la luz mauriciana iguala las playas de los hoteles con las populares y te regala unas sombras fantásticas que se alargan para resaltar el perfil de una costa en la que las palmeras cobran protagonismo como guardianas de las esencias. Todo un espectáculo. Por cierto, mañana vuelo para casa. La estancia en Mauricio llega a su fin. Bye bye, Mauritius!


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