miércoles, 6 de mayo de 2015

La encantadora decadencia de Grand Bassam



En cuestiones de decadencia, como en casi todo, hay un punto de no retorno. La decadencia tiene su encanto mientras no rebase unos límites, pero cuando va un poco más allá puede convertirse en ruina. Grand Bassam, la ciudad marfileña declarada Patrimonio de la Humanidad en 2012, está justo en este punto en el que los edificios coloniales, asediados por el paso del tiempo, la humedad, la desidia y la maleza, tienen aún un encanto innegable. Un paso más, sin embargo, y el encanto se esfumará.
Aún merece la pena acercarse a Grand Bassam, una ciudad cercana a Abidjan que en 1893 fue capital colonial de Costa de Marfil. Merece la pena contemplar los edificios que se caen afectados por lo que podríamos llamar un exceso de trópico o para comer unas sabrosas gambas en alguno de los restaurantes de la playa. O para visitar a un rey, algo que en África siempre es más fácil que en otros lugares.
Su Majestad Awoulae Tanoe Amon, rey de los N’zima Kotoko, nos recibió en Grand Bassam vestido con ropajes de colores vistosos y sentado en un trono que es, de hecho, la mandíbula inferior de una ballena. Original, sin duda. Y mayestático. Cuando un rey te da la bienvenida en este plan, regalándote música y danzas, es imposible que el viaje sea malo.

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