miércoles, 22 de febrero de 2012

Aquí nació el puenting


A los neozelandeses les gusta el riesgo. Quizás por eso son pioneros en los deportes de aventura. Lo he comprobado en los días que llevo por aquí. Cuando yo me extasío admirando un río de aguas bravas, un neozelandés ya se está planteando bajarlo en rafting, en kayak o a pelo. Y donde yo veo una montaña escarpada, casi vertical, ellos ya están buscando la mejor vía para escalarla. Y no digamos con las olas y el surf, que parece que lo llevan en la sangre. Qué le vamos a hacer: los kiwis son así.



Con estos antecedentes, no es de extrañar que el puenting naciera en Nueva Zelanda, concretamente en 1988 en el antiguo puente de Kawarau, a 23 kilómetros de Queenstown. Cuando estuve allí hace unos días me sorprendió comprobar que el puente se ha convertido en una especie de santuario de los amantes del riesgo. Acuden allí embelesados, lo fotografían obnubilados y, después de pagar 180 dólares, se lanzan al vértigo del vacío, con los pies atados a una cuerda, como si estuvieran comulgando.
            En fin, la descarga de adrenalina convertida en una religión que cada vez parece tener más adeptos, sobre todo en Nueva Zelanda.

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