jueves, 23 de febrero de 2012

El silencio de Milford Sound


Este espectacular fiordo, situado en la costa oeste de la Isla del Sur, es una de las grandes atracciones de Nueva Zelanda. Y con razón. Navegar por sus aguas oscuras, rodeado de montañas, acantilados, bosques y cascadas, produce esa sensación que tanto me gusta cuando viajo: la de encontrar una naturaleza que me supera, que hace que el hombre sea tan sólo un accidente mínimo en medio de un paisaje de gran formato. Mires donde mires se te llenan los ojos de espacios naturales. Ni una casa, ni rastro de presencia humana… Bueno, a no ser por los barcos que pasean turistas por el fiordo. De todos modos, Milford Sound es tan grandioso que aguanta sin alterarse la presencia de tanto guiri. Ahí va un consejo: los cruceros de última hora son más baratos y menos concurridos. Hay que huir siempre de las horas punta, de la masificación

El pueblo más cercano a Milford Sound, Te Anau, se encuentra a 120 kilómetros. Esta distancia hace que el camino hasta allí, sea a pie, en bicicleta, en coche o en autocar, tenga algo de iniciático. En Te Anau se diría que empieza un mundo nuevo, el de Fiordland, la Tierra de los Fiordos, con bosques majestuosos, lagos enormes, montañas, glaciares y una increíble fauna autóctona.

Cuando el barco de Milford Sound sale por fin a mar abierto, tras una hora de recorrido, te das cuenta de que el fiordo tiene algo de protector. Si permaneces entre sus altos y escarpados muros, rodeado de silencio, te sientes a salvo de todo. El Mar de Tasmania, sin embargo, aparece de repente como un mundo hostil, agresivo, con todas las historias de bravura, tempestades y naufragios que arrastra.

Por cierto, llueve 200 días al año en Milford Sound, uno de los lugares más húmedos del planeta. El verde exuberante y las numerosas cascadas no están allí por casualidad.

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