lunes, 6 de febrero de 2012

El frío de Noruega


Estos días que hace frío de verdad me acuerdo de mi amiga Randi, una simpática noruega a la que conocí hace unos años en Tromso, la hermosa ciudad del norte del país. Randi se reía cuando veía en televisión que España se paralizaba porque había nevado un poco, más o menos como ha pasado ahora. “Es gracioso lo que pasa en España”, decía. “Cae una pequeña nevada y los informativos abren diciendo que hay dos centímetros de nieve, que cierran las escuelas, que los transportes no van, que todo se paraliza… Aquí estamos acostumbrados a seguir como si nada aunque caiga una gran nevada. Para nosotros es la normalidad”.

            Bueno, supongo que la nieve es algo normal cuando vives por encima del Círculo Polar Ártico, cuando el récord de nieve caída es de 2,40 metros (el 29 de abril de 1997) y cuando la temperatura se acerca en invierno a los 20 grados bajo cero. Por no hablar de cuando sopla la ventisca y sientes que el frío te penetra hasta los huesos.
            Randi tiene razón: aquí somos unos quejicas que paralizamos el país por una nevada que allí sería nada, pero debería comprender que la nieve no es lo nuestro. Y que tampoco hemos crecido con mentalidad de pioneros, como ella, que es nieta del último gran cazador de osos, Henry Rudi, un aguerrido noruego, al que llamaban “El Rey de los Osos”, que murió en 1970 después de haber matado nada menos que a 713 osos polares.
            La vida aquí es mucho más tranquila, sin osos polares que acechen y sin nieve que nos invada. Y tenemos además el Mediterráneo, un mar amable que nos regala unos veranos sublimes que atraen en masa a los turistas nórdicos. Claro que, para compensar tanto frío y tanta nieve, también en los países nórdicos tienen la bellísima aurora boreal, una diva que no siempre se muestra,  pero que cuando lo hace provoca “¡ohhhs!” de rendida admiración.

            “Yo he visto auroras desde niña”, me decía Randi, “pero aún hoy, cuando veo una de las más bonitas, me quedo paralizada en medio de la calle, aunque haga mucho frío”.
            Ambos estamos de acuerdo: la aurora boreal es una maravilla. Y este año, el 2012, dicen que es de los mejores para contemplarlas. Pues, nada, que habrá que ir preparando viaje hacia el norte… a pesar del frío y de la nieve. 

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