jueves, 2 de febrero de 2012

El tao de los viajes

Aprendemos con el tiempo que el mundo de los viajes no se compone sólo de largos recorridos y de estancias en lugares lejanos. La pasión por el viaje puede surgir por medio de una conversación, una película o un libro; o, simplemente, hojeando las páginas de un Atlas o mirando cómo gira una bola del mundo. Viajar es, en cierto modo, un estado de ánimo. No hace falta ir muy lejos para sentirlo. Que se lo pregunten si no a Xavier de Maistre, autor de Viaje alrededor de mi habitación, a Enrique Vila-Matas, autor de El viajero más lento o a Rafael Chirbes, autor de El viajero sedentario. Lo exótico, la lejanía, puede llegar a fatigar, como solía decir Josep Pla o como constató Josep Maria de Sagarra en su excelente libro de viaje a la Polinesia, La ruta blava.

En los últimos días ha caído en mis manos uno de esos libros que, con sólo hojearlo, ya sientes que palpitan en sus páginas un millón de viajes. Se trata de The Tao fo Travel, del gran viajero norteamericano Paul Theroux. En él reúne una larga colección de confesiones viajeras, muchas propias (demasiadas para mi; no me gusta la autocita), pero también de otros viajeros. Theroux escribe en el prefacio que ha comprobado que "los viajeros más apasionados han sido también lectores y escritores apasionados". Supongo que tiene razón desde el momento en que la lectura de determinados libros es la mejor incitación a un viaje. Por otra parte, resulta inquietante cuando revela que "para Freud el viaje simboliza la muerte". Puede que sea así, pero, como diría el gran George Brassens, no tenemos ninguna prisa por llegar al destino. "Muramos por las ideas, de acuerdo, pero de muerte lenta".

Para iniciar este blog no se me ocurre nada mejor que citar una de las frases del libro de Theroux: "Es casi axiomático que, tan pronto como un lugar adquiere reputación de ser un paraíso, se convierte en un infierno". Asusta pensarlo, pero demasiadas veces he podido comprobar que es cierto. La distancia entre paraíso e infierno, hablando desde el punto de vista del turismo, es a menudo muy corta. Supongo que pasa lo mismo que quería decir Groucho Marx cuando soltó su célebre frase: "Nunca desearía pertenecer a un club que aceptara como socio a alguien como yo". Son las contradiciones del turismo de masas.





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