miércoles, 10 de febrero de 2016

Un alto en Ayutthaya

Merece la pena detenerse en Ayutthaya antes de llegar a Bangkok. Merece la pena contemplar las ruinas de la antigua capital donde confluyen tres ríos. La fundó en 1350 el rey U Thong y fue destruida en 1767 por los birmanos. Quedan, sin embargo, unas bellíssimas ruinas, bien delimitadas en el centro histórico, con restos de estupas y muros de ladrillos longevos y con la que debe de ser la cabeza de Buda más fotografiada del mundo, que se muestra inquietante atrapada entre raíces.



Pasear entre los templos, a pie o en tuk tuk, es siempre agradable en Ayutthaya. Algunos grupos turísticos que llegan desde la cercana Bangkok prefieren hacerlo en elefante. Dicen que queda mejor en las fotos, pero la verdad es que queda muy guiri. Cuando uno se cansa del sol, o de la lluvia, un buen lugar para comer unos fideos en el popular restaurante Lung Lek. Entre los templos, un paseo por el Wat Phra Si Sanphet es recomedable.
La pensión donde me hospedé en Ayutthaya, la Baan Lotus Guetshouse, resultó ser muy agradable: con una casa de madera estilo thai, jardín, lago y un buen precio. La propietaria, además, es una adorable viejecita que habla como si te estuviera contando un cuento. Todo un contraste con el stress de Bangkok, a tan sólo setenta kilómetros de distancia. Una eternidad.






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