jueves, 20 de noviembre de 2014

Una boda y cuatro funerales... en China



En los viajes el azar también juega. Sucedió, por ejemplo, en el pueblo de Tuanshan, donde coincidí con una boda. El pueblo, muy bien conservado, es ya de por sí una maravilla, pero me sorprendía ver las calles tan vacías. Cuando llegué al lugar dónde se celebraba la boda, supe a qué se debía: todo el mundo estaba allí, comiendo y bebiendo, celebrando el enlace de una joven pareja.
Tuanshan tiene la particularidad de que está habitada desde el siglo XIV, casi en su totalidad, por una única familia, los Zhang. Son cosas que suceden en la China. Todos están emparentados, por lo que en la boda hay que invitar a todo el pueblo. 
Los azares del viaje quisieron que en otro bello pueblo de la provincia de Yunnan, Weishan, me encontrara nada menos que con cuatro funerales. Fue como en la famosa película, pero al revés: en vez de Cuatro bodas y un funeral, Cuatro funerales y una boda. Lo que más me sorprendió de los funerales fue la belleza de las coronas de flores y que casi todos los asistentes a la comitiva regalaban lo mismo a la familia del difunto: una manta de abrigo bien envuelta en su funda de plástico. En fin, cosas de la China.

sábado, 15 de noviembre de 2014

El bellísimo Puente de los Dos Dragones



Dos ríos se cruzan cerca de la ciudad china de Jianshui, zigzagueando como lo harían dos dragones inquietos. Justo allí se levanta un maravilloso puente que recibe el poético nombre de Puente de los Dos Dragones. Al atardecer, cuando lo envuelve la luz cálida, su belleza resulta hipnotizante.
Cuando se construyó el puente en el siglo XVIII, durante la dinastía Qing, sólo tenía tres arcos, pero se fue ampliando con los años hasta alcanzar los 148 metros de largo y los diecisiete arcos que tiene hoy.  
En Jianshui, la espaciosa y armónica casa de la familia Zhu se ofrecen como contrapunto del bello puente. Para rematar el día, nada mejor que comer los fideos locales, que reciben el nombre de fideos al otro lado del puente. Cuentan que una mujer los preparaba para su marido, que estudiaba al otro lado del puente. Para que no se enfriaran, llevaba el caldo en un termo y los ingredientes aparte. Al cruzar el puente, echaba los ingredientes al caldo y así la sopa llegaba caliente al marido. La receta es sencilla, pero deliciosa.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Las "discretas" pipas de Yunnan



Es imposible que la dimensión de las pipas de Yunnan pase desapercibida. Cuando las ves, te asombran tanto la longitud, que puede variar del medio metro al metro, como el diámetro, de entre diez y veinte centímetros. Sus propietarios suelen fumarlas agachados, muy concentrados, mientras borbotea el agua en el interior del largo tubo.
Paseando por Jianshui, una de las bellas ciudades de Yunnan, es fácil encontrarse con orgullosos propietarios de pipas que las exhiben como si fueran tótems. En una tienda cercana a la antigua puerta de la ciudad, los distintos modelos de pipa se alinean mostrando las múltiples posibilidades del artefacto. 
Dicen en la provincia de Yunnan que el largo tubo purifica el humo y contribuye a eliminar los elementos cancerígenos del tabaco. Si esto último es cierto, ya nos podemos ir preparando para una invasión de estas discretas pipas por aquí.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Desde las terrazas de arroz de Yuanyang



En los viajes largos se producen a veces momentos de epifanía. Son instantes de iluminación en los que descubres que el mundo es mucho más bello de lo que recordabas. Tras un largo viaje que me lleva a la ciudad china de Kunming, en la lejana provincia de Yunnan, y unas cuantas horas de carretera, contemplo extasiado las terrazas de arroz, inundadas de agua, de las montañas de Yuanyang. Todo está en su sitio: se diría que las montañas están hechas de agua, que han sido domesticadas, y que las curvas de las terrazas encajan con las curvas de nivel para levantar una gran maqueta de corcho en la que nada está fuera de lugar.
Los reflejos del agua se acentúan al amanecer, cuando el primer sol arranca destellos y colores insospechados. Estoy en el pueblo de Duoyishu, en la guesthouse de Jacky, desde cuya terraza se disfrutan unas vistas que parecen de otro mundo. El preciso dibujo de las terrazas, los tallos de arroz, el espejo del agua. Todo parece sumar para revestir el paisaje de una belleza sublime. 
A no mucha distancia se encuentra la frontera de Vietnam, con las terrazas de arroz de Sapa. Las admiré hace unos años hasta llegar a la emoción. Ahora, en Yuanyang, tengo la sensación de que este nuevo viaje enlaza con el viaje a Vietnam del pasado y, de hecho, con todos los viajes en los que he sentido que estalla la gran belleza del mundo.


jueves, 23 de octubre de 2014

En Bangkok, camino de Yunnan



De camino a Yunnan, una provincia china que hace tiempo que tenía en mente, paro en Bangkok. Es sólo una noche y medio día, suficiente para certificar una vez más que la capital tailandesa siempre consigue sorprender. En esta ocasión me instalo en el Anantara Sathorn, un hotel bien situado y bien equipado, en pleno centro, con espectaculares vistas sobre los rascacielos.
Desde el restaurante Zoom, situado en la planta 38, puedo comprobar hasta que punto Bangkok es una ciudad vibrante en la que cada segundo pasan un millón de cosas, con muchos lugares especiales para cenar o tomar unas copas.
De paseo por el centro, junto a los grandes almacenes MBK, me encuentro con una feria callejera de tatuadotes. Allí está la versión thai de los Ángeles del Infierno, unos tatuadores que se hacen llamar Fucking Friends y mucha gente que viste de negro y sonríe. Es otro Bangkok, otro de los muchos Bangkoks que se superponen en esta ciudad que nunca duerme.

lunes, 20 de octubre de 2014

Mercados beduinos, fortalezas y "uedis"



Un viaje por Omán ofrece, además de la posibilidad de atravesar el desierto y de bañarse en el Índico, la visión de unas fortalezas impresionantes, de mercados beduinos en los que el tráfico de camellos es una constante y, de vez en cuando, la tentación de adentrarse en un río, un uedi, en el que el frescor del agua resulta siempre una bendición. Si tienes la suerte de encontrar un mercado como el de Sinaw, que se celebra los viernes, la fiesta es absoluta, ya que a los rostros bíblicos de los beduinos se suman las máscaras de distintos estilos de las mujeres.
El mercado transmite una sensación de autenticidad difícil de superar. La venta de camellos y cabras se mantiene, y también la de armas, que suelen ofrecer vendedores de ropaje blanco, alfanje en el cinto y bastón de mando en la mano. 
Un baño en un uedi, cuando el calor aprieta, sirve para recargar las baterías para visitar una fortaleza como la de Bahla, impresionante junto al oasis y al pie de las montañas. Y es que Omán da para mucho.

 

sábado, 18 de octubre de 2014

El Omán de los árabes del mar



¿Dónde han ido a parar los míticos “dhows” de Omán. Pues a los museos. Cuando hablo de “dhows” me refiero a aquellos hermosos barcos equipados con un mástil y vela triangular que navegaron en el pasado por el océano Índico para llegar, con el viento a favor de los monzones, a las costas de la India, Kenya y Zanzíbar. Todavía hoy, en Zanzíbar y Lamu, los he visto navegar con elegancia, pero no aquí, en Omán. En la ciudad de Sur siguen construyéndolos como antes; bueno, no exactamente como antes, ya que el mástil y la vela han desaparecido.
Sur es una hermosa ciudad abierta al mar, con unos astilleros antiguos donde aún hoy los artesanos trabajan la madera con tesón para construir los “dhows”. Los tiempos modernos, sin embargo, les han hecho prescindir de la vela. No es extraño en un país en el que la gasolina va a 0,20 euros el litro, pero con su desaparición se ha perdido belleza y romanticismo. Hay que acudir al museo de Sur para ver un “dhow” como los de antes, con mástil, pero varado en el cemento. 
Jordi Esteva, en su libro Los árabes del mar, nos habló de aquellos viejos navegantes, émulos de Simbad, que desafiaban el peligro del Índico. Por desgracia, en Omán hoy ya sólo sobreviven en los libros. Es una lástima, pero la riqueza del petróleo y del gas ha acabado por anular aquellos míticos veleros.